LA METAFÍSICA DEL DESENCANTO


Ernesto Alonso

 

En un breve ensayo, titulado «La supuesta superioridad del desencanto», publicado por Susanna Tamaro (1957) en Más fuego, más viento (2009), puede leerse un pasaje que ha despertado mi interés y me ha invitado a una modesta reflexión que propongo a continuación. 

    

Las afirmaciones de Tamaro me inquietan, pero no dejan de complacerme al mismo tiempo. La razón es la cabeza lúcida y el ánimo decidido de esta novelista y ensayista italiana para enfrentar los nuevos depredadores del alma humana. Su pluma silabea mejor que yo una impresión que abrigo dentro mío desde hace tiempo, fruto inacabado de lecturas y de espasmódicas meditaciones, y que no logro parir.

    

De modo preciso, Tamaro formula su queja principal en los siguientes términos: “Una de las más grandes violencias que el pensamiento moderno ha impuesto al hombre es precisamente esta: haber sugerido que no existen bases creíbles. Una cosa no existe por el sentido que tiene, sino únicamente como ´señal´ de otra. Todo es ficción y, por lo tanto, fácilmente desmontable y reconstruíble. Esto es lo que hace el hombre de cultura: desmonta y vuelve a montar, divertido por su habilidad. Es solo un juego, y, como tal, se queda en eso” («La supuesta superioridad del desencanto». En: S. Tamaro, Más fuego, más viento, pp. 130-131).

 

Inmediatamente pensé en otra mujer, filósofa, profesora y escritora, que vengo leyendo hace ya un tiempo. Se trata de Judith Butler (1956, Cleveland, EEUU), la adalid, polémica y militante, del feminismo de género. Y me dije, “estas palabras terribles de Tamaro caben perfectamente para la promotora de la teoría queer”.  A tal punto que, primeramente, había titulado esta reflexión Judith Butler o la metafísica del desencanto. Pero, este malestar espiritual, supera con mucho los límites de la cultura queer y las zozobras de su principal promotora. 

    

Lo cierto es que en muchas páginas de esta filósofa me ha parecido toparme, fieramente, con que la verdad, la naturaleza, la sustancia, la heterosexualidad, la sexualidad a secas o “verdad de los sexos”, es pura y solo ficción; en ella, en la Butler, y en sus argumentos contra la cultura hegemónica, he respirado ese aliento frío y desesperanzador, tenaz y rígido como un duro hielo, de que finalmente “no existen bases creíbles”.

     

Me mortifica esa sensación de espacio impreciso en el que consiste el ejercicio de la “semiosis indefinida” por la que todo significante remite siempre a otro significante y en ese proceso de remisión casi “ad infinitum” no existe ningún término final en el que pueda reposar quietamente el “sentido”.

    

Al final de cuentas parece que no hay significado alguno y la verdad se disuelve en las “políticas de significación”. Sin embargo, el decurso se torna impreciso si el movimiento carece de un fin, de un término propositivo. ¡Ay, este lenguaje que devela al insufrible Aristóteles, chillarán los críticos! 

    

Y al término de este alarmante sendero no existe sino el “sinsentido”. Y así, en Butler, emerge con fervor la práctica “deconstructiva”, pues, si no hay bases creíbles y todo es ficción, luego, todo es “fácilmente desmontable y reconstruíble”.

    

Los sexos lo son, aún el género en su fingida “estabilidad ontológica” también es ficción; no es sino una práctica social o política a la que no debemos rendir lealtad definitiva, menos aún apegarnos por una creencia compartida en virtud de convenciones.

    

¡No fijemos nada, al contrario, finjamos todo! Si así son las cosas, si todo es discurso, performatividades, construcciones, convenciones estereotipadas y postizas hegemonías, ¿tenemos derecho a consignar nuestras vidas al dominio de tamañas verdades de ficción?

    

Desencanto y Nihilismo

     Agrega Tamaro: “Separado del sentimiento espiritual, el ejercicio de la inteligencia se convierte fácilmente en ejercicio del vacío y de la crueldad. En virtud de mi sabiduría me pongo en un pedestal, practicando la superioridad del desencanto. Conozco las reglas y sé que son hijas de la mente y del azar (…) Las convicciones, las supersticiones, las ilusiones y los sentimentalismos los dejo para los demás, para el montón de ciegos, de ignorantes, a esos «otros» que Sartre definía como «el infierno»”. 

    

“El ejercicio de la inteligencia”, en la filósofa del feminismo queer, “se convierte en ejercicio del vacío y de la crueldad”, pero no tan “fácilmente” como parece asumir Tamaro. No fácilmente, sino después de una laboriosa y paciente obra de deconstrucción.

    

La “superioridad del desencanto” la practican contra aquellas “reglas y normas” que pretenden definir la normalidad y la anormalidad, los cuerpos viables y aquellos abyectos, las vidas vivibles y valiosas, de aquellas otras que no merecen vivirse pues no son registrables en los indicadores de lo que denomina Butler, la “inteligibilidad cultural”. Así, el “vacío”, la “crueldad” y el “desencanto” son etapas preliminares para rematar el patriarcado heterosexual y su nueva versión de la moral de los amos.

       

Los “ignorantes” y el “montón de ciegos” –que Tamaro pone en boca de los “desencantadores”– padecerían las diatribas de Butler a condición de que se pongan a defender “convicciones, supersticiones, ilusiones y sentimentalismos” de aquellos “otros”, el temido infierno de Jean Paul Sartre, que no hacen sino reproducir las obsoletas “bases creíbles”.

    

Para esta fase de crítica negativa, aquel “gran rechazo” que explicara el filósofo crítico Herbert Marcuse en un célebre texto, sí vale la acusación de Tamaro cuando condena “a los defensores del desencanto” con las terribles expresiones de “asesinos del asombro, de la gratitud, de la alegría”. Fortísimas locuciones de Tamaro a las que adhiero cuando a la vista tengo una no desdeñable cantidad de páginas de «El género en disputa» (1990) de Judith Butler.

    

No hay asombro por un niño que nace varón o mujer sino la amarga denuncia de la heteronormatividad obligatoria, que esclaviza el “derecho a la autopercepción” con el inexorable binarismo biológico.  

    

No se ofrece gratitud a la naturaleza que nos concede un nuevo hombre, viniendo a este mundo; al contrario, cabe el reproche dirigido a los padres convertidos en agentes de normas inmemoriales que reproducen estereotipos, roles y esquemas de dominación y poder. Y no se puede proferir el nombre de “varón” o “mujer” sin tener que pedir perdón por cometer tal abuso del lenguaje.

    

Finalmente, glosando la invectiva de Tamaro, la alegría. Y esta es la más abominable de las ausencias. Precisamente aquí sale a la luz lo pésimo del desencanto pues no es sino el mentís más rotundo de la alegría auténtica. La alegría no sería otra cosa que ideología, falsa conciencia, y la felicidad no más que autoengaño.

    

Asiste la razón a Susanna Tamaro cuando piensa que este desencanto de la vida no es sino “tedio generador de sarcasmo y cinismo”, que sus defensores emplean “constantemente para demoler, humillar y burlarse de todo lo que se aparte de su visión del mundo”.  En su momento, Joseph Ratzinger observó que, en la literatura contemporánea, en el arte, en las representaciones teatrales y aún en el cine, prevalecía una imagen sombría del hombre. Lo que es grande y noble despierta sospecha; hay que sacarlo de su pedestal y redimensionarlo.

    

En términos filosóficos, siguiendo las huellas de Nietzsche y de Heidegger, se expresó el pensador italiano Gianni Vattimo (1936-2023) cuando aseveraba que el nihilismo consumado era nuestra única chance, después de la muerte de Dios o también después del olvido del ser por parte del hombre. 

    

No cejan las diatribas de Tamaro cuando escribe que “a los defensores del desencanto no les roza mínimamente la duda” y que “viven sumergidos en un aburrimiento claustrofóbico, convencidos de que es la esencia del vivir”.

    

    

La Fuerza de la No Violencia o la Ética del Bien Humano

 

Con todo, estimo que debería admitirse un matiz en la crítica de Susanna Tamaro, teniendo en cuenta la personalísima aplicación que hago de la tesis del desencanto. En efecto, estoy seguro de que no existe el desencanto completo, así como la ceguera supone la luz, aunque la niegue quien no la ve. 

    

Así, el desencanto lo es de este presunto mundo en ruinas, es cinismo y sarcasmo del actual estado de cosas; es ilusión y convicción, empero, de que otro mundo es posible y ese anhelo, tuerto y oscuro, postula que al fin de cuentas el hombre, por más escéptico que sea y se defina, alberga una oculta capacidad de esperar más allá del mal presente.

    

Butler percibe que pueda existir una sociedad justa acabándose toda forma de discriminación injusta; luego, tiene en mente una sociedad ideal pues entiende que hay un estado mejor para el hombre porque existe alguna suerte de dignidad, especialmente, en aquellos sujetos que la sociedad actual maltrata, desmerece o elimina. El título de uno de los últimos libros traducidos que le conozco, «La fuerza de la no violencia» (2021), parecería sugerir esta consideración. Aunque, tal vez, sea solo un mesianismo secular, entre tantos otros que hemos visto desfilar durante estos largos decenios.

    

En realidad, es un título “en negativo”, más propio de una mentalidad vacilante y de un espíritu demasiado trabajado por décadas de crítica y de batalla; nada que sea semejante a la fuerza de la verdad, la belleza del bien o la agustiniana definición de la paz, como “tranquilidad en el orden”.

    

Con su ética de la no violencia, Judith Butler, está sugiriendo, sin saberlo, esa “luz de la conciencia” que los antiguos definieron como sindéresis, esto es, el sentido profundo de que existe un bien y un mal, aunque los contenidos que los perfilen puedan ser desdeñables. En el fondo, a pesar de todo y contra todo, subsiste esa intelección del bien, esto es, de que algo debe prevalecer como el mejor camino para que el hombre conquiste su bienaventuranza. 

    

El hombre no está definitivamente sujeto a las condiciones extenuantes del aquí y del ahora. Y si se apura un poco hacia el extremo esta jocunda argumentación, emerge siempre en el hombre esa inextinguible vocación metafísica a la que está llamado. En tal sentido, JB no puede sostener siempre y en toda circunstancia esa presunta “superioridad del desencanto”. Nadie carece de la convicción de que pueda esperarse un mundo mejor del que tenemos a la vista.

    

Por cierto, y apropiándome de las expresiones con las que Tamaro concluye su escueta reflexión, algunos pueden comportarse como, “pobres moscas que han caído en una trampa, prisioneros de una tela de araña de hilos invisibles en la que ellos mismos se han envuelto (…) La araña está llegando. Ya no queda tiempo para contemplar el cielo ni para escuchar el viento”.

    

Quizá reste tiempo para salvar a los condenados de la tierra si los desencantadores comprendiesen que no es obra enteramente humana sino interviene un principio superior al hombre y al que el hombre respete y juzgue como autoridad.

    

“No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto”, respondió el autor de la vida al gobernador romano que lo interrogaba en aquel viernes de traición y de muerte. Puede denominarse Dios ese principio superior, y reconocerse, como algún tiempo lo fue, a condición de que quien no lo crea, no lo acepte o no lo admita, no se sienta por ello en la obligación de tener que reemplazarlo.

[CentroPieper] 4-5-2024

 

 

LOS CAMBIOS EN EL TABLERO DE AJEDREZ RUSO


Gabriel Camilli


La Prensa, 19.05.2024


Los militares ucranianos de la unidad móvil de defensa aérea de la 141° Brigada de Infantería independiente de Ucrania preparan sus ametralladoras para una misión en la región de Zaporizhzhia, Ucrania. (16 de mayo de 2024)

Mientras vemos que Ucrania se está quedando cada vez más atrás en la guerra de desgaste contra Rusia, al parecer porque Occidente duda, y no está lo suficientemente dispuesto a hacer sacrificios militares, permitiéndole a Rusia ganar tiempo, observamos a su complejo militar-industrial, que todavía es capaz de producir cosas, con el apoyo de estados de fondo como China e India.

 

Ucrania, por su parte, ya está gravemente afectada porque su propio complejo militar-industrial no puede producir al nivel de su oponente. Y, sobre todo, porque falta una compensación suficiente por parte de Occidente. De hecho, le están proveyendo algunos materiales, pero sólo lo suficiente para garantizar que Ucrania sea capaz de luchar, es decir, resistir, pero no para que pueda ganar. Como hemos dicho anteriormente en Occidente tenemos sociedades más post-heroicas donde el propio bienestar es lo primero.

 

Mientras tanto en Rusia, en las últimas semanas, tras la quinta elección de Vladimir Putin para el cargo de presidente y su toma de juramento, el Gobierno ruso presentó su dimisión (según la Constitución) al nuevo-viejo jefe de Estado, que empezó así a realizar nuevos nombramientos.

De esta forma (y no como nos cuentan la mayoría de los medios occidentales) se inició un minucioso movimiento de ‘ajedrez’ y estrategia. Ya que ambos son dos actividades que requieren conocer el terreno, los participantes, las reglas, los movimientos, anticiparse, prever, esperar, amagar, conocer las jugadas y resolverlas antes de provocarlas.

 

Vemos así algunos movimientos en el ‘tablero’ del poder ruso como la confirmación del primer ministro Mikhail Mishustin, economista y experto en sistemas informáticos en el cargo desde 2020. Luego, en cascada, se esperaba también la reconfirmación de todos los demás ministros, al menos los más importantes. Pero algunas jugadas sorpresa aparecieron en un anuncio sobre Andrej Belousov, el primer viceprimer ministro, que también había sido primer ministro durante veinte días en 2020, cuando el titular, Mishustin, contrajo Covid. Belousov es prácticamente un desconocido en occidente, pero es bastante conocido en Rusia.

 

Quizás no para el ciudadano común, pero sí en los entornos que importan. Moscovita, hijo de un importante economista soviético, estudió Física, Matemáticas y Economía, y emprendió una brillante carrera académica que lo llevó, a finales de los noventa, a convertirse en asesor económico de varios primeros ministros. En esa actividad, escribió varios informes importantes sobre el estado de la economía rusa en la transición de la economía planificada de la Unión Soviética al libre mercado.

 

UN POCO DE CURRICULUM

El punto de inflexión para Belousov llegó en 2006, cuando el entonces ministro de Desarrollo Económico, German Gref, lo nombró su adjunto. Desde allí siempre estuvo en lugares muy importantes del gobierno ruso. En 2020, el siempre discreto Belousov se convirtió en primer viceprimer ministro. Con solo buscar en internet veremos que no es un “paracaidista” en la alta política rusa.

Hacía falta un poco de currículum para explicar lo sorprendente que resulta encontrar a Belousov ahora, en plena guerra, al frente del ministerio de Defensa

.

La sorpresa aumenta si tenemos en cuenta que el ministro de Defensa saliente, Sergej Shoigu, es uno de los fieles a Putin, y quien se enfrentó a Yevgeny Prigozhin el dueño de la PMC Wagner, enfrentando incluso su rebelión armada el pasado verano. Shoigu no es un personaje cualquiera. Ha estado en política desde principios de los años 1990 y durante muchos años fue un ministro de Situaciones de Emergencia muy respetado. Llegó a Defensa en 2012 y es el artífice de la intensa y rápida modernización a la que han sido sometidas las fuerzas armadas rusas.

 

Pero muy por el contrario de los anuncios difundidos en los medios masivos, Shoigu no fue eliminado ni descendido sino, en todo caso, ascendido. De hecho, se convierte en secretario del Consejo de Seguridad, cargo que ocupaba hasta ayer Serguéi Patrushev, y ocupa también el cargo de vicepresidente de la crucial Comisión para el complejo militar-industrial presidida por el superhalcón Dmitrij Medvedev.

 

JUAGDA DE AJEDREZ

Lo interesante será entender el porqué de esta jugada de ‘ajedrez’. Lo curioso es que todo este movimiento se produce precisamente cuando las tropas rusas atacan en el norte de Ucrania y tratan de avanzar a lo largo de todo el frente que, de norte a sur, entre Járkov y Odessa, tiene mil kilómetros de longitud. ¿Son estos nombramientos, que sacuden equilibrios muy consolidados, una señal de fuerza (Putin está tan en el poder y sus fuerzas están tan bien colocadas al frente) que le permiten realizar cambios importantes en el equipo que ocupa el corazón del Kremlin? ¿O hay algo mal en el seno del poder y los cambios sirven para evitar problemas mayores?

 

Putin se toma muy en serio los compromisos de la OTAN y de Occidente de apoyar a Ucrania "mientras sea necesario" y su perspectiva es la de un conflicto destinado a durar en el tiempo, o sea que pueda tornarse crónico. En este contexto, el gasto en defensa está creciendo: este año alcanzará los 110 mil millones de euros, equivalente al 6 por ciento del PIB, mientras que en 2022 fue de 86 mil millones, equivalente al 4,06 por ciento del PIB. Recursos preciosos que Rusia, bajo sanciones, debe encontrar y sustraerlos de otros sectores y que, por tanto, no puede permitirse el lujo de desperdiciar.

 

Según nos relata, en una interesante opinión, el doctor Lorenzo Carrasco: “El reciente intercambio del general Sergei Shoigu por el economista Andrei Beloussov en el Ministerio de Defensa, que sorprendió y desorientó a muchos observadores extranjeros, revela no sólo una intención de reforzar el complejo industrial de defensa, sino también de garantizar que los avances tecnológicos se reflejen en una variedad de nuevas armas y equipos. Que se reflejan en aplicaciones y usos civiles, a diferencia de lo que ocurrió con la tecnología militar en la ex Unión Soviética.

 

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, citó la necesidad de que el organismo incorpore conceptos innovadores y progresistas. Beloussov es un investigador veterano del antiguo Instituto Central de Matemáticas Económicas de la Academia de Ciencias de la URSS y del Instituto de Previsiones Económicas de la Academia de Ciencias de Rusia. En el gobierno ocupó varios puestos destacados, incluido el de viceministro de Desarrollo Económico y Comercio y viceprimer ministro.

 

En relación con las tecnologías de punta, las Fuerzas Armadas rusas han demostrado su amplia superioridad en cuanto a misiles hipersónicos y capacidades de guerra electrónica, además de haber mejorado enormemente el uso de drones de reconocimiento y combate, en lo que ya es uno de los más relevantes aspectos de la revolución militar que se está desarrollando en los campos de batalla ucranianos. Se han utilizado drones que cuestan menos de mil dólares para desactivar vehículos blindados valorados en millones de dólares, incluidos los aclamados tanques estadounidenses Abrams y alemán Leopard. La reciente ofensiva rusa hacia Jarkov podría ser el comienzo de un último esfuerzo para llevar el conflicto armado a su conclusión lógica.

 

Sin embargo, el momento del proceso dependerá de una interacción compleja entre la agenda rusa, la renuencia de las potencias occidentales a admitir un triunfo militar ruso y la voluntad del gobierno ucraniano de continuar la matanza de su población masculina en edad de prestar servicio militar”.

 

Como bien nos dice Clausewitz: “La guerra no sólo es un auténtico camaleón, porque en cada caso concreto modifica en algo su naturaleza, sino que además, en lo que respecta a sus manifestaciones globales, en relación con las tendencias que en ella predominan, es una maravillosa trinidad compuesta de la violencia originaria de su elemento, el odio y la enemistad -que han de considerarse ciego instinto elemental-, el juego de las probabilidades y del azar -que la convierten en una libre actividad del espíritu- y de su naturaleza subordinada de herramienta política, que la hace caer dentro del mero entendimiento''.

 

La primera de esas tres caras está más vuelta hacia el Pueblo, la segunda más hacia el General y la tercera más hacia el Gobierno. "Las pasiones que han de inflamarse en la guerra tienen que estar presentes ya en los Pueblos; el alcance que el juego del valor y el talento tendrán en el reino de las probabilidades del azar depende de las peculiaridades del General y del ejército, pero las finalidades políticas incumben únicamente al Gobierno".

 

Clausewitz patentiza un fuerte sentido de las fuerzas de la historia. Por un lado, el duelo, las dos clases de guerra y la finalidad política, por otro lado, la maravillosa trinidad como sujeto plural que actúa en la guerra, con su dinamismo y transformación constante, su sentido histórico. En estos momentos estamos viendo la aplicación de la teoría: “Al jefe político pertenece el entendimiento que determina a la guerra como instrumento político subordinado”.

 

Gabriel Camilli

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­

VELAR POR LA DEFENSA DE LOS INTERESES EN EL MAR


La Prensa, 16.05.2024

 

Este 17 de mayo, la Armada Argentina celebra su 210° Aniversario en conmemoración del Combate Naval de Montevideo, hecho histórico que tuvo lugar en 1814, en el que la escuadra almando del Almirante Guillermo Brown venció a la fuerza naval realista ubicada en la Banda Oriental.

 

En 1814, las Provincias Unidas del Río de la Plata se encontraban en pleno proceso de unificación y organización. Dicho proceso no podía prosperar mientras las aguas del Río de la Plata fueran controladas por las fuerzas navales realistas, que, si bien estaban sitiadas por tierra en Montevideo, lograban abastecerse a través de su puerto y representaban una amenaza a las aspiraciones del gobierno patrio en Buenos Aires.

 

Esta crucial victoria de las armas de la Patria fue un hito en la historia de la Armada Argentina y señaló el fin de tres siglos de dominación española en el Río de la Plata, eliminando de sus aguas la amenaza realista sobre Buenos Aires, consolidó los principios de la Revolución de Mayo de 1810 y facilitó el proceso para lograr la independencia de América. El mérito de esta victoria se atribuye principalmente a la pericia táctica y militar del entonces Coronel de Marina Guillermo Brown, quien lideró la flota patriota en el combate.

 

Considerada por los historiadores como determinante y estratégica, la victoria naval en Montevideo permitió a las Provincias Unidas del Río de la Plata emprender la Campaña de los Andes, liderada por el General José de San Martín, quien la consideró como el "hecho más importante de la revolución americana hasta el momento", reconociendo la importancia de la victoria de Brown y sus marinos.

 

LAS ACCIONES PREVIAS

Hubo acciones previas que allanaron el camino a este triunfo naval y otras que le sucedieron para afianzar la derrota naval española de modo irremediable para la fortuna de nuestro país.

Entre las acciones previas, crucial fue la victoria del Combate Naval de Martín García que tuvo lugar entre los días 10 y 15 de marzo de 1814, donde se enfrentó la Escuadra Patriota al mando del entonces Comodoro Guillermo Brown, a una fuerza realista comandada por el Capitán de Fragata Jacinto Romarate.

 

El Río de la Plata era muy difícil de navegar. La Isla Martín García constituía un punto estratégico en el control del acceso a los ríos interiores, Paraná o Uruguay.

Las acciones del día 10 de marzo favorecieron al enemigo, la fragata Hércules, capitana de Brown, fue seriamente dañada, obligando a nuestra fuerza a refugiarse río arriba para recuperarse. Romarate, aunque satisfecho con el resultado estaba escaso de recursos y no pudo continuar con las acciones inmediatamente.

 

Por lo tanto, confiado en que los daños causados a nuestra escuadra obligarían a Brown a regresar a Buenos Aires, solicitó refuerzos a Montevideo y se alistó para darle caza en las aguas del río.

Romarate no pudo anticipar lo que sucedería luego. Los refuerzos de Montevideo nunca llegaron y el marino irlandés cambió radicalmente su estrategia. Consciente en que la Escuadra Patriota era incapaz de volver a enfrentar de manera directa a la flota realista, planificó un desembarco en la isla con el fin de deponer a la guarnición que la defendía.

 

El día 15 de marzo tuvieron lugar estas acciones; mientras el desembarco ocurría, Brown distrajo a Romarate con un ataque lejano a su flota. La operación fue un éxito. Para cuando el marino español comprendió lo que realmente sucedía, las operaciones en tierra se habían consumado. Derrotado, Romarate no tuvo más opción que retirarse hacia el norte para refugiarse en aguas del río Uruguay.

La victoria de Brown dividió así las fuerzas enemigas y al estar Romarate aislado, la flota realista remanente en puerto se había debilitado notablemente y posibilitó su posterior e inmediato avance sobre Montevideo.

 

El Combate Naval de Montevideo tuvo lugar entre los días 14 y 17 de mayo de 1814. Para ese entonces, la plaza realista se hallaba asfixiada por tierra, a cargo de las tropas comandadas por el General Alvear, y su puerto estaba bloqueado desde el día 20 de abril por la Escuadra Patriota al mando de Guillermo Brown.

 

LA BATALLA

Las fuerzas de realistas, improvisaron tripulaciones y se hicieron al río con la intención de romper el boqueo naval. Las acciones tuvieron su origen con la zarpada de la flota realista desde Montevideo, al mando del Capitán de Navío Miguel de la Sierra. Brown hábilmente simuló su retirada mar afuera con el objeto de alejar del puerto a las fuerzas realistas. Una vez logrado esto, cambió rápidamente de rumbo acorralándolos contra la costa y entablando combate.

 

El clima y las horas de oscuridad obligaron a interrumpir varias veces las acciones bélicas, pero al reanudarse cada vez la moral en las tripulaciones enemigas se socavaba más y más. Para la noche del día 16 de mayo la Escuadra Patriota había logrado apresar tres naves enemigas. A partir de entonces el combate fue una vergonzosa fuga de las naves del rey hacia Montevideo, puerto al que no lograron acceder por el acecho de nuestras naves. La victoria fue rotunda y definitiva; se había logrado la eliminación total del poder español en el Plata.

 

Sin embargo, esto no ponía fin a la amenaza realista en el sur del nuevo continente para los nacientes estados. Con el objetivo de debilitar el comercio y el poder marítimo español en el pacífico, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón otorgó patentes de corso a dos notables marinos que ya habían hecho propios los ideales de la Revolución de Mayo, Guillermo Brown por un lado y a Hipólito Bouchard por otro, un francés casado con una criolla quién también había servido en el Regimiento de Granaderos bajo las órdenes del General San Martín.

 

Hubo dos importantes campañas de corso, la primera campaña sería llevada a cabo en conjunto por Brown y Bouchard. Asediaron los puertos de las costas de Chile, Perú y Ecuador con éxito relativo desde noviembre de 1815 hasta febrero de 1816, cuando luego de derrotados en su intento de enfrentarse a los españoles que ocupaban Guayaquil decidieron regresar a Buenos Aires, arribando al dicho puerto a finales de junio de ese año.

 

HIPOLITO BOUCHARD

La segunda campaña de corso, campaña que daría la vuelta al globo haciendo flamear la bandera nacional por vez primera en todos los mares mundo, sería solo comanda por Hipólito Bouchard a bordo de la fragata “La Argentina”, nombrada de este modo por la próxima celebración del primer aniversario de la independencia de nuestro país y armada exclusivamente para esta empresa.

 

Inició su periplo desde Buenos Aires en demanda de las costas del sur de África el 27 de junio de 1817. Su heroico accionar comenzó en septiembre de ese mismo año en las costas de Madagascar, cuando para honor de nuestra bandera y consecuente a la declaración de libertad de la Asamblea del año XIII, impidió que cuatro buques ingleses y franceses cargasen hombres y mujeres para ser luego vendidos como esclavos.

 

Continuó su viaje hacia el este, buscando enfrentarse a naves españolas de la compañía de Filipinas. Debió enfrentarse, entre otros peligros, al ataque de piratas en Malasia y a la enfermedad del escorbuto que flagelaba a su tripulación.

Un hecho de lo más sobresaliente de este viaje es que gracias a su capacidad de diplomacia, Bouchard consiguió que el soberano del archipiélago de Hawai, el rey Kamehameha, sea el primero ante el mundo en reconocer la independencia Argentina.

 

La travesía de la fragata “La Argentina” continuó con el asedio a las costas de California y Centro América, donde además de enfrentar al poder español remanente, contagió con los ideales de independencia y autodeterminación de las Provincias Unidas a un sin número de poblaciones. Hecho que se expone en que diferentes estados centroamericanos compartan los mismos colores que nuestra bandera como es el caso de Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y Costa Rica.

 

Para abril de 1819, dando por finalizada su larga expedición, Bouchard decidió partir hacia Valparaíso para colaborar con la campaña libertadora del General San Martín.

La estadía del corsario en Valparaíso fue nada placentera, allí fue injustamente apresado y acusado de varios delitos falsos, se cree con la única intención de expropiar sus embarcaciones y presas. Al cabo de casi un año, por intervención final del General del Ejército de los Andes, José de San Martín, fue exonerado de todo cargo en su contra y, aunque habían dañado su honor y orgullo, igualmente accedió a participar de la campaña libertadora a las órdenes de Cochrane.

 

Derrotados los españoles y disueltas las fuerzas libertadoras como tales, Hipólito Bouchard prestó servicios como marino del incipiente estado Peruano. Sin embargo, poco se sabe de sus años restantes. Jamás regresó a Argentina ni se reencontró con su familia. Sus restos estuvieron perdidos hasta 1962, cuando fueron encontrados en una cripta en la ciudad de Nazca.

Como se puede apreciar, la victoria del 17 de mayo de 1814, más que un hecho destacado es un punto de inflexión en la historia argentina y sudamericana. Fue el momento en que la balanza del poder naval se inclinó definitivamente a favor de las nuevas naciones del nuevo continente, gracias a la inapreciable colaboración de europeos que hicieron suya nuestra causa: Héroes navales de la talla de Guillermo Brown e Hipólito Bouchard.

 

En honor a la fecha gloriosa que representa en los fastos navales de la República y a la incansable labor de los hombres de la Armada Argentina, el 17 de mayo fue instituido como el “Día de la Armada Argentina” mediante el Decreto N° 5.304 del 12 de mayo de 1960, en conmemoración a la terminante victoria en el Combate Naval de Montevideo, victoria que permitió completar el cerco marítimo de la plaza y su posterior rendición, y en reconocimiento al servicio dedicado a la Patria por parte de la institución.

 

LA ARMADA HOY

Continúa trabajando la Armada Argentina con la misma determinación para garantizar la defensa y la protección de los intereses nacionales. Con la mirada puesta en el futuro, la Armada se esfuerza por seguir el ejemplo del Gran Almirante Guillermo Brown, trabajando de manera multidisciplinaria con otros ministerios y en conjunto con las demás Fuerzas Armadas y de Seguridad, en cada escenario y misión que el instrumento militar le impone.

 

En este contexto, la Armada Argentina también desempeña un papel crucial en la Antártida, el continente de la ciencia y la investigación. Como componente naval del Comando Conjunto Antártico, la Armada participa activamente en la Campaña Antártica de Verano. Además de alistada y adiestrar a sus medios navales y personal para llevar a cabo esta compleja misión, trabaja arduamente manteniendo así la presencia ininterrumpida de nuestro país en el continente blanco desde 1904.

 

Asimismo continúa con su compromiso de contribuir al sostenimiento de la paz desplegando Cascos Azules a las Misiones de Paz de la Organización de Naciones Unidas en lugares de conflictos.

Otro de sus objetivos principales es garantizar la presencia argentina en nuestras aguas, protegiendo sus recursos en los espacios de interés y velando por la protección de la vida humana en el mar. En este sentido, realiza en forma permanente la Vigilancia y Control de los espacios marítimos argentinos en el Atlántico Sur y la custodia de las cuantiosas riquezas que éstos contienen. Buques y aeronaves, custodian los espacios marítimos de jurisdicción nacional en defensa de los intereses nacionales.

 

 

La herencia del Gran Almirante Guillermo Brown es ejemplo e inspiración para cada miembro de la Armada, quienes tienen la responsabilidad de proteger y defender los mares y ríos nacionales.

La esencia de la Armada se encuentra en su capital humano, formado por hombres y mujeres, militares y civiles, que continúa navegando tras la estela del gran Almirante Guillermo Brown con profunda vocación de servicio y un arraigado espíritu democrático. Es en la virtud, el compromiso y la cohesión donde sus integrantes encuentran la voluntad y la energía necesarias para afrontar los desafíos, cada vez más complejos, que implica el cumplimiento de su misión: velar por la defensa de los intereses de los argentinos en el mar.

 

POEMA


En la solemnidad de nuestras aguas, el poema de Calderón de la Barca resuena, no solo como un tributo a la milicia, sino como un eco de la nobleza, el compromiso y el orgullo que definen al personal de la Armada Argentina.


“Ese ejército que ves

vago al hielo y al calor,

la república mejor

y más política es

del mundo, en que nadie espere

que ser preferido pueda

por la nobleza que hereda,

sino por la que él adquiere;

porque aquí a la sangre excede

el lugar que uno se hace

y sin mirar cómo nace

se mira cómo procede.

Aquí la necesidad

no es infamia; y si es honrado,

pobre y desnudo un soldado

tiene mayor calidad

que el más galán y lucido;

porque aquí a lo que sospecho,

no adorna el vestido al pecho,

que el pecho adorna al vestido;

Y así, de modestia llenos,

a los más viejos verás,

tratando de ser lo más,

y de parecer lo menos.

Aquí la más principal

hazaña es obedecer,

y el modo cómo ha de ser

es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,

el buen trato, la verdad,

la fineza, la lealtad,

el honor, la bizarría;

el crédito, la opinión,

la constancia, la paciencia,

la humildad y la obediencia,

fama, honor y vida son,

caudal de pobres soldados;

que en buena o mala fortuna,

la milicia no es más que una

religión de hombres honrados”.

 

 

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) poeta y soldado.